A partir de una crónica de viaje en que realidad y ficción coquetean con la veracidad, presentamos Tenango de Doria como la comunidad origen de este bordado mexicano tan peculiar, y a la vez documentamos la costura recopilada de la palabra hablada, de la experiencia y de su gente.

Este libro empezó con un camino, el mío. La evolución siempre lleva a la desaparición, los viejos sabemos mucho de esta última. Fui a Tenango en busca de una historia y en realidad me llevé la importancia de perdonar y emprender el camino. Uno no sabe la importancia de la reparación hasta que se aprende a bordar. El material de la bordadora no son solo hilos, sino tiempo. EnTenango hay mucho de ambos.
Y en este caso hablar del lugar imponía hablar del camino. No solo como trayecto, sino también como proceso, descubrimiento y de los naturales miedo y dolor que vienen con el diario crecer:

“Preferí recoger plantas a comprar un mapa.”

Camino a Tenango trata de algo más que de una carretera con un inicio, de una ruta sin desviaciones, sin oficio. Habla del Camino Real a Tenango de Doria, del camino que se hace de frente y también hacia arriba.

“120 kilómetros en espiral.”

Trata del camino que sólo existe al caminarse, el camino solo. Este, que al final es el diario vivir, aunque se haga nada.

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